Tras un congreso muy intenso y lleno de grandes intervenciones, a continuación les enseñamos las conclusiones que hemos sacado de él:

1. Existe acuerdo en que tenemos problemas socioambientales importantes, como el cambio climático, la contaminación de los océanos, la proliferación de plásticos o la alimentación industrial, problemas que no pueden considerarse aislados, sino aspectos de lo que conocemos como crisis ambiental. Su dimensión más preocupante es la velocidad a la que evolucionan, que exige respuestas decididas y urgentes.

2. Todo ello configura un escenario de complejidad, incertidumbre y riesgo. Pero los pronósticos más sombríos no tienen por qué suceder. Hay que trasmitir la ilusión de ser protagonistas del cambio hacia un nuevo modelo.

3. La reconexión con la naturaleza es imprescindible. En un mundo donde la urbanización crece exponencialmente, el contacto con el medio natural enseña, equilibra e inspira. Saber contemplar y descubrir el asombro y la belleza, será uno de los objetivos permanentes de la educación ambiental.

4. Nadie duda del conflicto que las propuestas ambientales suscitan, pues tras cada una hay intereses encontrados. La noviolencia es también un instrumento útil para los activistas y educadores, que no deben confundirla con la resistencia pasiva. La noviolencia es clara en sus objetivos y no pretende destruir al adversario, sino recuperarlo. Es importante releer a Thoreau, Schumacher, Greff, además de los referentes intemporales de Martin Luther King, Gandhi, Mandela…

5. Comprobamos con alegría cómo se multiplican las experiencias ambientales en escuelas y poblaciones, aunque advirtiendo que toda actividad ambiental no siempre es educativa (sin que por ello resulte menos válida). Para serlo, debe programarse, darle continuidad y ser evaluada, ya que esta metodología es la que forma y genera conciencia.

6. La educación ambiental no sólo alcanza el intelecto, debe integrar también lo afectivo y lo corporal. Cuanto mayor sea la implicación personal, mejor calarán los mensajes, pues sólo con la experiencia y la práctica se descubre la realidad.

7. La cooperación y colaboración resultan sumamente importantes. Cuanto más cerca nos encontremos, más proyectos compartamos y mejor nos coordinemos, mayores probabilidades de éxito tendrán nuestras propuestas. Y esto vale dentro de nuestro país, pero también con los compañeros de América Latina, con los que hemos sintonizado el Congreso. Con unos objetivos comunes, no queda sino colaborar y trabajar juntos para conseguirlos.

8. Para el año 2050, el 70% de la población mundial vivirá en ciudades. Urge humanizarlas, dando protagonismo a las personas, promoviendo la movilidad sostenible, fomentando el comercio de proximidad, separando adecuadamente los residuos, planificando arbolado y zonas verdes, y manteniéndolas libres de contaminación. Tal es el desafío para los técnicos y educadores.

9. La educación ambiental se enriquece con nuevos contenidos. El arte nos muestra la realidad desde otra mirada, pero la economía o la meditación no son tampoco áreas lejanas. De la organización noviolenta de la primera derivará un trato respetuoso a la naturaleza y las personas, y de la práctica de la segunda, una mayor atención y observación del medio.

10. En momentos de incertidumbre, la imaginación es más importante que el conocimiento. Los nuevos problemas requieren respuestas creativas, por ello la educación ambiental debe introducir nuevos enfoques, conociendo los nuevos instrumentos y tendencias, dentro de un ambiente interdisciplinar. La última palabra no está dada y, si sabemos actuar a tiempo, existen motivos fundados para la esperanza.


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